SEÑOR DE LOS MILAGROS
HISTORIA
En el siglo XVII, unos negros de la casta de los angola, constituyeron una cofradía en el barrio de Pachacamilla, llamado así, porque allí habitaron unos indígenas de la zona prehispánica del dios Pachacamac. Este barrio de la Ciudad de los Reyes, donde actualmente se yergue el Monasterio de las Nazarenas, casa del Señor de los Milagros, fue llamado también de la Santa Cruz, pues allí por 1624 se pintó una Cruz, como símbolo de protección, ante las amenazas de invadir Lima, el pirata Jacobo L´Hermite Clerk. Corrían los años de 1651 y uno de los angoleños pintó sobre el muro del lugar, la imagen del Señor Crucificado para orar, presidir las reuniones de la cofradía y presentarle ofrendas. Así de simple y con gran sencillez, nace la imagen de mayor devoción limeña y símbolo del Perú. El muro en que se pintó era en el terreno de Hernán Gonzales y servía de medianera con la casa huerta de Don Diego Tebes Montalvo Manrique de Lara.
Tiempo después por los años de 1670, el lugar quedó abandonado y Antonio de León, vecino del barrio, decidió tributarle culto, poniendo por techo una pobre ramada y por altar una mesa de adobes. El Señor premió este gesto sanándole de una cruel enfermedad. A este primer devoto muchos le hicieron compañía en su devoción al Crucificado; y viendo que el Señor les favorecía con visibles favores, establecieron cada viernes por la noche, romerías con música y cajón.
El párroco José Laureano de Mena, del templo de San Marcelo, en agosto de 1671, da cuenta tanto al Virrey don Pedro Fernández de Castro y Andrade, Conde de Lemos, como al vicario general, Esteban Ybarra, de ciertos sucesos en torno a la imagen y que so pretexto de devoción a la imagen se caía Llegó el día de cumplir tal decisión y el encargado de la misma arrimó su escalera al muro y subiendo por ella, sintió un gran temblor de cuerpo que le hizo caer desmayado; a otro le quedó sin acción el brazo y el tercero al intentarlo exclamó, que se le anteponía la imagen más bella.
Otra señal divina vino a llenar de más asombro a los presentes. La tarde que aparecía clara como preámbulo de la cercana primavera, de pronto se nubló; y una lluvia no esperada y mucho más fuerte que la habitual garúa limeña comenzó a caer. Casualidad o mensaje divino no sabemos, sólo podemos decir que la noticia corrió por toda la ciudad y vino a dar fama al Cristo de Pachacamilla. El clamor popular para que no se borrara la imagen no se hizo esperar y pronto se generalizó. Testigos presenciales del suceso dieron fe de ello y fue recogida por su gran devoto Don Sebastián de Antuñano y Rivas en "Relación del prodigioso suceso del Señor de los Milagros, Patrón de los temblores" El Virrey, Conde de Lemos y su esposa doña Ana de Borja, acompañados de autoridades del clero fueron a conocer el humilde galpón, donde Cristo había decidido perpetuarse.
Quedaron impresionados y decidieron se levantara una ermita provisional, y por lo tanto, la orden de borrar la imagen quedó sin efecto.
FUENTE: Perucultural
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